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24 jul 2010

La vacuidad de la vaca

Salvador Moreno Valencia

Estoy de acuerdo con Montaigne que dice que no pretende imponer sus opiniones, ni crear escuela, y mucho menos hacer demagogia de sus conocimientos. Mi opinión sobre las cosas es una opinión más entre las miles de opiniones que existen sobre ellas, y en caso de cosa concreta me remito a mis observaciones sobre ésta, y de mi contemplación hacia ella saco mis conclusiones, que, a veces, expongo, con discurso claro y conciso, y otras, no menos, lo hago mediante un discurso poco elocuente y lleno de subterfugios, y también, por qué no, de divagaciones propias de la desesperanza que produce en mí la falta de conocimiento sobre el asunto en concreto, pero nunca tengo la intención de ser dogmático para eso ya están las religiones.(...)


Pero ahora vayamos a la cosa en concreto de la que quiero hablar, que es de la vacuidad de los hombres, de sus pretensiones, de sus metas, de sus sueños, de sus éxitos y sus fracasos. Tengo a bien, autodenominarme hombre no exento de sentido común, el que también, sabe abandonarme en ocasiones, para que mi salud mental no se deteriore al intentar comprender a mi homólogo y su forma de vida. Observo bajo la mirada crítica a mi semejante y al modo en que tiene de vivir, y pienso que debo ser un bicho raro porque nada de él, ni de su modo de vida me atraen para, de su comportamiento, hacer yo un ítem y pasar de ser lo que soy a convertirme en uno más, igual que todos comportándome por igual, como si fuéramos seres idénticos que funcionan gracias a un resorte como si de robots se tratase.

Entonces de sus actos me sorprendo, e intento hallar un porqué de los mismos, adentrándome en su mundo, participando de sus costumbres y de sus hábitos, y por mucho que participe de ellos no dejan de parecerme insensatos y vacuos.

*¿Qué es un hombre en estos tiempos? ¿Qué lo mueve a llevar a cabo ese comportamiento de sumisión y a la vez de ridiculez supina? ¿A qué aspiran los hombres de hoy? ¿Qué los mueve a tener el ansia por poseer cosas, en la mayoría de los casos inútiles a costa de su libertad y otros valores como la solidaridad, el respeto, la dignidad, la tolerancia, la igualdad…? ¿Por qué los hombres de hoy sólo parecen estar preocupados por obtener cosas materiales sin sopesar el precio de sus sacrificios en pos de poseer cada vez más de ellas? ¿Por qué el hombre de hoy no se revela contra la tiranía que lo subyuga, envileciéndolo y convirtiéndolo en un botarate, un simple necio?
Antón Chejóv en su relato El monje negro, mediante la voz de Kovrin nos dice:
*1<<-¡Qué buena suerte la de Buda, Mahoma y Shakespeare en no tener parientes solícitos ni médicos que los curasen de inspiración y entusiasmo!- dijo Kovrin-. Si Mahoma hubiera tomado bromuro de potasio para los nervios, si hubiera trabajado sólo dos horas al día y tomado leche, ese hombre extraordinario hubiera dejado tras de sí tan poco como dejó su perro. Lo que los médicos y pariente solícitos consiguen al cabo es idiotizar a la humanidad y, haciendo pasar por genio a la mediocridad, destruir la civilización>>.



¿Es esto lo que está ocurriendo hoy en día? Este relato lo escribió Chejóv en 1894, y parece que no ha prescrito su mensaje, porque hoy en día es tan vigente como entonces. La vaca me parece un animal, cuanto menos, formidable, entre otras cosas porque parece observar el mundo que la rodea con una paciencia tremenda, sin inmutarse, mirando con su lentitud vacuna y sus enormes ojos que observados de cerca distan mucho de parecer vacíos, pero la vaca a diferencia del hombre es un ser natural, quiero decir que respeta la naturaleza y la habita de acuerdo a sus leyes (siempre y cuando no intervenga la mano del hombre), por tanto su vacuidad me parece mucho menor que la del hombre que gracias a su vanidad y prepotencia parece actuar sin consciencia, como si todo a él le estuviera permitido por ser el que está en lo más alto de la cadena alimenticia, y por ser de algún modo el hijo de un dios inventado para la ocasión, y para que produzca los réditos necesarios y más que suficientes para, además de controlar al mismo hombre, tenerlo sumido en el temor continuo, y si es posible doblegarlo, como ocurre en la actualidad, a la más absoluta mediocridad y vacuidad enviándole mensajes para que se convierta en un consumidor de cosas superfluas que lo alejan de preguntas como: ¿qué soy?, ¿cómo soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy?.



He visto, en mis largas observaciones y en mis incursiones en las costumbres y hábitos del hombre de hoy, que muchos de ellos, por desgracia para la humanidad, se comportan peor que un rebaño de ovejas que por donde pasa no vuelve a crecer hierba alguna, y en las conversaciones que he intentado mantener con ellos he chocado con su inmensa vacuidad que intentan llenar adquiriendo cosas, identificándose con las mismas cosas inútiles que el sistema capitalista y consumista (auspiciado por la religión) les está vendiendo como esta última les vendía en otros tiempos la salvación y la vida eterna.
*/Al citar hombres me refiero al género humano según el diccionario de la Real Academia Española que dice:
hombre.
(Del lat. homo, -ĭnis).
1. m. Ser animado racional, varón o mujer.
*1/ Extracto del relato El monje negro de Antón Chejóv
Salvador Moreno Valencia

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