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1 abr 2010

Mensajes

Juan A. Gallardo: Los mandamases de la moral católica nos desterraban de sus paraísos de ultratumba porque la única moral era la suya, y era casta esa moral, reproductora sin asomo de lascivia, y, además, heterosexual, en una vindicación de la naturaleza humana que negaba esa naturaleza y sancionaba el deseo con terroríficas predicciones de eternos tormentos.
Los dueños del cortijo financiero nos aleccionaban. Nos abroncaban si no llevábamos bien nuestras míseras cuentas y nos cargaban intereses rateros por la más mínima de nuestras demoras, por la más insignificante de nuestras transacciones.
Nos recomendaban moderación en todo mientras sus beneficios y los de sus directivos eran cada vez más obscenos, cuando no fraudulentos. Y siguen siéndolo, pese a que más de cuatro millones de personas viven aterrorizadas ante el más mínimo eructo de los mercados, porque saben quiénes terminarán pagando cada una de las flatulencias del sistema. (sigue...)
Los padres de la patria, por su parte, clamaban en las tribunas sobre su capacidad de regeneración y sacrificio, voceaban la honestidad de sus proclamas y exigían nuestro compromiso ineludible con el país. Se les llenaba la boca de Estado y como Saturnos insaciables iban devorando las arcas del mismo, inauguraban palacios, horadaban los litorales, formaban a una nueva generación de vástagos del poder en colegios caros y mantenían sus apellidos en la cúspide de la gobernación.
Esas máscaras, ese carnaval desde el que tuvieron que hartarse de reír y hacer el gamberro los ricos, los curas y los políticos profesionales, significaba al final que cuando unos nos decían no tocaros la picha que os va a soplar la maldición el mismo demonio y su equipaje de tormentos en vuestra pecaminosa nuca, era porque querían ellos, mandamases de la moral con alzacuellos, tocarnos y que les tocáramos sus castísimos falos.
Cuando los otros animaban babeantes a consumir hasta el hartazgo, hasta la náusea de querer comprarlo todo y de querer tenerlo todo, coche, casa, parcelita en el campo, vacaciones a plazos, primeras comuniones y bodas y bautizos de marqueses, iban acumulando en su saco de usura y argucias, nuestro futuro.
En cada hipoteca firmada iba también nuestra renuncia a la rebelión, nuestro diezmo de mansedumbre.
Cuando los padres de la patria nos exhortaban a participar en la fiesta de la democracia, barruntaban ellos ya su festín, su banquete de tiranos, adornaban con nuestros cuernos como trofeos de caza sus lujosos palacios y se amodorraban al poder borrachos de sí mismos y de su orgía de propaganda y consignas.
Ahora, que los hechos han puesto en evidencia la desnudez del emperador, del flamígero arcángel del pecado y del Tío Gilito ladrón y corrupto, la población zozobra entre la perplejidad y el asco.
Nos gustaría vivir sin ellos, sin curas castradores con la picha tiesa, sin políticos intrigando en los despachos y vomitando consignas subnormales y sin financieros comprando voluntades y corrompiendo el mundo.
Nos gustaría vivir sin dios, sin patria y sin rey.

2 comentarios:

...HASTA LA VICTORIA FINAL ! dijo...

Es un placer leerte compañero, por que expresas desde lo mas hondo, con claridad, con el corazon, sin hacer melodramas lo que cada dia mas percibimos y sentimos, pero que nos cuesta expresarlo de esa manera que tu lo haces.
salud y poder popular.
Si no te parece mal lo distribuire por la red

...HASTA LA VICTORIA FINAL ! dijo...

Es un placer leerte compañero, por que expresas desde lo mas hondo, con claridad, con el corazon, sin hacer melodramas lo que cada dia mas percibimos y sentimos, pero que nos cuesta expresarlo de esa manera que tu lo haces.
salud y poder popular.
Si no te parece mal lo distribuire por la red