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4 ago 2013

Escrito a cada instante: “Mística”



Juan A. Gallardo 
Le cuesta tanto al ser humano entenderse consigo mismo. Lo que más contento le pone,  es soñar y fantasear con la vida después de la muerte. Expresión paradójica que induciría a la risa si no fuera porque muchas tonterías se han cometido atendiendo a los dictados de esta fantasmagoría absurda.



Si,  de verdad,  creyésemos en las excelencias del más allá, nos darían ganas de cortarnos tajantemente las venas y arribar de inmediato a los soleados paraísos en los que nuestros niños jugarían con los leones, nuestros jóvenes follarían eternamente a mórbidas huríes y a nuestros mayores se les pondría una cara de de sabios que ganas darían de besarle a todos y a todas la venerable calva.



Y sin embargo,  miro  una rata atropellada en la carretera y voy observando cómo según pasan las horas, la rata va desdibujándose del asfalto para terminar siendo una mancha más sobre el alquitrán,  una vez que los bichos han dado buena cuenta de la sangre y las tripas,  y las ruedas de los coches de la piel y los huesos. 



Y uno que se siente más cerca de la rata que de Jesucristo porque a la rata la entiendo, la rata es mensurable, y lo del Cristo un lío, se pone a pensar en  los muertos de la guerra, en los muertos de las catástrofes , en esas barracas o pabellones alfombradas de yacientes cuerpos, y lo que se me viene a la cabeza es la rata destripada, el perro atropellado en la autopista, la materia en suma, que ni se destruye ni desaparece. 



Uno que quiere, pese a la repugnancia que le inspiran,  parecerse más a la rata que, pongamos, a la mosca del vinagre cuya secuencia genética apenas se diferencia de la nuestra,  sabe que el sol se va a apagar en términos relativos, en poco tiempo y sabe que nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar y que no hay ángeles subacuáticos sino peces que te comen los ojitos.



Ni Neptunos,  sino  salitre que hincha la piel y cuando el mar , que es el morir, te vomita hasta la orilla no hay un dios, por grande que hay sido el que hemos venerado,  que te reconozca.

Juan Antonio Gallardo

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