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19 feb 2012

Rompiendo la baraja

Silvia/Kalvellido

Los que tienen la casa muerta

y caen despacio

mientras hacen cuentas.

Los que saben que el delito

no es vivir sin primavera,

no es masticar las deudas,

no es apretar los huesos y dejar que pasen las tormentas.

Todos los que saben que el delito es

partir los cráneos en las protestas,

ahorcar las voces,

agriar las horas entre rejas,

matar limpio y despacio por un pobre salario.



Todos los que sabemos que sitiar las plazas

es el precio que se paga

por ser libres ahora y siempre vamos a romper las calles.

Con nuestras manos arruinadas de monedas,

con nuestros gritos abriéndose paso por las alamedas,

con nuestro dolor inquieto por tanta barbarie.

Vamos a romper las calles

porque el hambre es un crimen

y la crisis sólo una coartada

porque las leyes nos ahogan

y esa mala costumbre de atar cadenas a destajo

convierten la esperanza en un lugar adonde nadie llega.

Porque el miedo y sus secuaces espantan en vano

las conciencias que están despiertas.

Porque no nos da la gana que tanto hijo de la grandísima,

tanto cabròn,

tanto pendejo suelto por esas calles que son nuestras

crezca sarmentoso,

coma a dos carrillos

y pudra la vida honrada

de quienes tienen derecho a un mañana.







































































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