Dolores Romero
Jamás en tantos hogares los espejos reflejan tantas caras de tontos. Después del 20N este fenómeno se viene produciendo con mucha insistencia y, conforme pasan los días, con más virulencia. Es como una resaca que, lejos de ir amainando con el tiempo, sus efectos van tomando más intensidad en los individuos.
Se calculan que son millones los afectados por este curioso fenómeno; no son otros que aquellos que se sienten engañados, hasta estafados, embargados por la sensación de haber servido utilizados como tontos útiles necesarios.
Gracias a ellos, muchos, muchísimos y ellos mismos veremos cómo nuestras retribuciones mermarán al subir las retenciones más de dos puntos porcentuales y que tendrán que pagar un 7% más de IBI y si son sanluqueños lo harán por un 5% adicional más.
Muchos, muchísimos, demasiados y ellos mismos también, veremos cómo perderemos nuestros trabajos con una indemnización de 20 días por año cotizado con un máximo de 12 mensualidades, porque los despidos improcedentes desaparecen en nuestro país por la razón de los hechos: siempre los empresarios encontraran motivos para que los jueces justifiquen la procedencia del despido porque la norma se lo permitirá.
Muchos, muchísimos al igual que ellos, donde seamos despedidos podremos ver cómo nuestros hijos son contratados por menos sueldo, pudiendo ser despedidos después de un año sin indemnización alguna. En definitiva, verán como el despido libre en nuestro país se instala sin remisión.
Muchos, muchísimos pasmados verán como la reforma laboral solo servirá para laminar los derechos laborales y precarizar el empleo existente, porque el desempleo seguirá aumentando escandalosamente. Reforma laboral cuyo primer efecto no ha sido contentar los mercados especulativos sino inocular un miedo paralizante en los ciudadanos ante la posibilidad de perder el empleo.
Muchos, muchísimos indignados, incluidos ellos, indignados comprobaremos como la sanidad pública la convertirán en una beneficencia más que en un derecho, al igual que la educación pública será abandonada a su suerte. Todo ello para beneficiar a la sacrosanta iniciativa privada. Es decir pasaran de ser elementos fundamentales de cohesión social a un negocio puro y duro.
Se me ocurren muchas formas de “agradecer” a esos cuyos rostros reflejados en sus espejos muestran incredulidad por haber propiciado un retroceso de los derechos sociales y laborales impensable, comparables a los que teníamos en los años sesenta en nuestro país, pero en sus actos esta la penitencia. Aunque esto no me sirve para nada como consuelo, ahora se hace más verdad eso de que no hay más tonto que un trabajador de derechas o que vota a la derecha.
Pero mi creencia en la inteligencia colectiva de los ciudadanos y en concreto la de los andaluces, ya sé que algunos me dicen que esa creencia roza lo patológico, me hace pensar que todavía éstos ciudadanos, que creyeron los cantos de sirenas de la derecha, tienen una gran oportunidad de rectificar su acción y resarcirse consigo mismo y con el resto de los españoles el próximo día 25 de marzo. Poniendo en su sitio tanto a la derecha que ha perpetrado esta agresión histórica a los ciudadanos como a la otra derecha enmascarada, que gobernaron la nación y aún gobiernan en Andalucía, que con sus políticas neoliberales y muchos errores han servido de coartada a la anterior para acometer sus desmanes.
Dolores Romero
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