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1 may 2010

EL REPARTO DEL TRABAJO: «trabajar menos para trabajar todos»

José Antonio Viejo Fernández, SBTVi:
Recientemente he finalizado la elaboración de un trabajo de investigación sobre la Segunda República en Sanlúcar de Barrameda que espero ver publicado pronto. Entre las muchas curiosidades y hechos que aparecen en el libro, quisiera detenerme a comentar las bases de trabajo que los viticultores y patronal del sector aprobaron el día 31 de marzo de 1936 durante la Alcaldía del Frente Popular. Y, me detengo en este convenio de trabajo por dos razones: en primer lugar, porque este Primero de Mayo los trabajadores nos hemos movilizado reivindicando el reparto de trabajo como una solución a la crisis de empleo que vivimos y, en segundo lugar, porque esta base de trabajo es la primera referencia histórica que he encontrado en Sanlúcar de Barrameda en la que se establece una reducción de la jornada laboral sin reducir los salarios. (...)
Entremos en materia. En el año 1936 el Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda estaba en manos del socialista Bienvenido Chamorro que junto a un grupo de veinte Concejales de Unión Republicana, Izquierda Republicana y socialistas dirigían la ciudad. Los intereses de los trabajadores estaban representados por sindicatos en su mayoría de filiación cenetista. Entre todos los sindicatos destacaba “La Sembradora”, asociación que agrupaba a viticultores (el grupo de trabajadores más numeroso de la población) y agricultores. “La Sembradora” había nacido a comienzos de la Segunda República y entre sus dirigentes se encontraban los hombres más sobresalientes del sindicalismo sanluqueño de los años veinte y treinta del siglo XX: Rafael García, Antonio González “el Rubito”, José Caos, etc.
La ciudad atravesaba desde enero de 1936 una crisis de trabajo muy acuciante provocado, en parte, por la crisis económica de 1929, pero sobre todo por un duro invierno de lluvias que había impedido a los trabajadores del campo, marineros y albañiles salir a trabajar. Según las estadísticas mensuales de paro obrero confeccionadas por el Ayuntamiento, entre los meses de enero, febrero y marzo la cifra de desempleados alcanzó la cuota de 5.026 trabajadores en paro en una población en 1930 de 26.887 habitantes y aproximadamente 9.400 trabajadores.
En este contexto de paro y hambruna el Ayuntamiento llegó a repartir más de 19.000 kilogramos de pan entre las familias necesitadas, a realizar obras públicas con las que dar trabajo a los obreros en paro, y se registraron asaltos a panaderías y a tiendas de comestibles. En esta situación el gremio de viticultores presentó el día 16 de marzo de 1936 a la patronal, la “Asociación de Propietarios y Arrendatarios de Viñas”, las bases de trabajo por los que debían regirse el trabajo en las viñas, y que como ya hemos mencionado anteriormente, fueron firmadas el 31 de marzo por ambas partes.
A la hora de entrar a analizar y comparar las bases de trabajo con las que anteriormente se encontraban en vigor (mayo de 1931), observamos que no existen aumentos de jornales o mejoras laborales significativas, en cambio, la propuesta más destacada y revolucionaria es la siguiente que cito textualmente:
“Las jornadas de trabajo están trazadas a base de que en todo tiempo rindan cinco horas y media de trabajo útil a la dormida afuera, y de cuatro horas útiles de trabajo a la peonada”.
Las nuevas bases de trabajo acordadas por los viticultores hacían hincapié en los horarios de las jornadas de trabajo. En mayo de 1931, se había conseguido importantes subidas salariales, por tanto, en 1936, con los efectos de la crisis económica rondando sobre las cabezas de los distintos sectores productivos, resultaba del todo inviable exigir más aumento del jornal. Como el principal problema de los trabajadores era el paro, la principal reivindicación que se había acordado buscaba soluciones para erradicar el mal del desempleo. Los viticultores optaron por la reducción de la jornada laboral cobrando los mismos jornales que, en definitiva, era apostar por el crecimiento del empleo. Esta medida fue posible gracias a la organización de la mayoría de los trabajadores en sindicatos que hizo bascular el pulso patronal-obrero del lado de este último.
Esta medida adoptada nos habla de solidaridad entre los trabajadores, pero también de un cambio de mentalidad en la sociedad ya que se imponía una cultura en la que primaba el individuo y su tiempo libre, imprescindible para poder desarrollarnos al máximo como personas creativas en lucha por un mundo mejor y más justo.
José Antonio Viejo Fernández

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente artículo, sencillamente excelente. Más quiero más,no es suficiente...un gusto leerte.

Al moderador buena página libre, veo que hay de todo.

Enhorabuena a todos.
Volveré