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28/02/2010

Día internacional de la mujer trabajadora

Una vez más me pregunto ¿por qué separar la fiesta de la mujer trabajadora de la fiesta del Trabajo del 1º de mayo?
¿No se está olvidando que la mujer es también protagonista en toda la historia reivindicativa del mundo del trabajo?
En el fondo de todo este tema, me parece que hay un desprecio o infravaloración de la autentica dignidad de la mujer trabajadora. Parece como que la mujer no es reconocida en su dignidad de trabajadora, si no imita al varón realizando también un trabajo fuera del hogar, ya que sólo este tipo de trabajo, que obtiene una remuneración es considerado útil, y productivo en el mercado de trabajo... O sea, que mientras decimos rechazar el sistema económico que “aliena” al ser humano, porque le valora únicamente por lo que produce, si este producto puede ser cambiado por dinero, nos empeñamos en darle razón a este sistema económico, añorando, como una conquista, que la madre de familia salga al mercado de trabajo, aunque tenga que dejar en su lugar a otra persona para hacer las labores propias del hogar. Afortunadamente cada vez es más frecuente que ambos, marido y mujer, compartan las tareas del hogar, sobre todo cuando los dos trabajan fuera. Pero cuando la mujer no realiza otro trabajo que el de “ama de casa” en el hogar, no parece que su trabajo sea valorado como tal, ni en la práctica es considerada, a todos los efectos, como parte del mundo del trabajo, porque ¿quién reivindica para ellas 8 horas de trabajo o unas vacaciones retribuidas? (sigue...)
De ninguna manera quiero negar el derecho de la mujer a un trabajo profesional fuera del hogar, si así lo desea.. Pero por parte de la mujer esta opción nunca debería ser una búsqueda desesperada de autonomía, ni una huída del hogar. Para ello necesitan ver que su trabajo en el hogar es reconocido y valorado como una aportación, al menos con igual valor que se le reconoce al trabajo realizado por el marido, con la única diferencia de que el de éste está “alienado”, comprado y vendido con la ganancia de la “plusvalía” que va a las arcas del capitalista, mientras el trabajo realizado en el hogar agranda su dignidad, al no tener otro objetivo que hacer feliz y expresar el amor a los miembros de la familia. Pero esta gozosa experiencia de un trabajo que la realiza como persona, que despierta la creatividad, que está lleno de amor servicial a los suyos, no está reñido con una justa compensación económica que puede aportar algún día la sociedad del bienestar.
Espero me entiendan. Por supuesto reconocimiento y defensa del derecho de la mujer a trabajar, dentro o fuera del hogar. Pero hay que reconocer, sin complejo feminista, la dignidad del trabajo en el hogar. Y sigue pendiente el logro de una gran exigencia de la justicia: “a igual trabajo igual retribución” Para unos y para otras.

Manuel Gaitero Rosado