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5 sept. 2015

Europa, alambre y espinas



Salvador Moreno Valencia

Son tiempos malos para la lírica, quizás está frase está ya manida de tanto uso, y al final la hayamos deslucido porque bien sabemos que todo lo que se usa mucho se desgasta, se va deteriorando lenta y paulatinamente sin remisión alguna como al parecer lo está haciendo la vieja Europa y el mundo entero.



Suerte tenemos algunos de poder decir esta frase sin que apenas nos afecte el contenido de la misma. Por ejemplo yo, que a pesar de ser un marginado del sistema, hoy sin ir más lejos, me he levantado temprano para escribir este artículo, he puesto la cafetera al fuego, he encendido el ordenador y antes de comenzar mi perorata, a la que muchos tildarán de “demagogia barata”, y otros tantos miles ni se preocuparán en leer, digo, que una vez encendido el ordenador, yo, que a pesar de ser un excluido, puedo permitirme el lujo de escuchar la Sonata número 16 C mayor K 545 de Mozart interpretada por Daniel Baremboim*,  e intento ponerme en la piel de esas miles de personas que llevadas por la desesperación se lanzan a tumba abierta, nunca mejor dicho, en condiciones infrahumanas, en pos de escapar de la ratonera que los grandes de occidente han construido en sus países para hacer rentables sus fábricas de armamento.


Leo, con estupor, aunque cada vez menos sorprendido, el recibimiento que se les da a estos miles de exiliados, o excluidos del sistema, más bien condenados a ser víctimas de un holocausto que, a diferencia de los anteriores, de los que podríamos citar varios ejemplos, desde aquel que el rey de Bélgica perpetrara en África, para pasar luego al que perpetró el nazismo en Europa, el comunismo en Rusia, el fascismo en España e Italia y el “democraticismo**” de Estados Unidos en Hiroshima, y en gran parte de Oriente, decía que a diferencia de estos, el fin puede que sea el mismo, el aniquilamiento de miles de seres humanos, pero han cambiado los métodos, sin ir más lejos, anoche estuve releyendo un relato que pone los pelos de punta, porque este relato que escribió Jack London hace más de cien años, nos muestra en su ficción un escenario horrible en el que se pone en escena la primera guerra biológica, el relato se titula “La invasión sin paralelo”, relato que fue publicado en julio de 1910 en el Mc. Chure´s Magazine; la literatura, el cine, el arte y la música nos ayudan a entender la realidad y más o menos a comprender la complejidad de este sistema en el que vivimos, pero por desgracia, la realidad muchas veces supera cualquier ficción, porque los crímenes más grandes nunca fueron realizados en la ficción, sino que fueron llevados a esta porque desgraciadamente habían sido cometidos en la realidad. 


Esta semana, he tenido la oportunidad, siendo un privilegiado incluso cuando estoy excluido del sistema, de ver tres películas que han sido dirigidas, para mi gusto, magistralmente, la primera es “Galileo” basada en un guión de Bertolt Brecht y dirigida por Josep Losey; la segunda es una adaptación de “Esperando a Godot”, obra representativa del teatro de lo absurdo escrita por Samuel Beckett y la tercera es “El profesor”, con guión de Carl Lund y dirigida por Tony Kaye, Adrien Brody, actor principal del drama, encarna a un profesor sustituto que nos irá mostrando un mundo desgarrador en el que los más jóvenes están perdidos. No voy a dar más detalles de estas tres películas que he tenido la suerte de ver esta semana, pero sí voy a decir que me han servido para abrir más mi mente, para vislumbrar la que se avecina, lo que le estamos dejando a nuestros hijos como herencia, el holocausto que se está produciendo ya, está tan bien organizado que ni siquiera nos escandaliza, al menos, cada vez escandaliza menos, y a los que nos escandaliza, simplemente, al ser marginados, excluidos y desobedientes civiles, no se nos escucha, porque las voces de los intelectuales que hay que escuchar son las de los mansos que abrevan y comen en los pesebres que sus amos les construyen para entregarles algunas migajas del gran pastel que ellos, los de arriba, se reparten mientras dan orden de proteger a Europa con una gran alambrada de espinas para “protegerse” de la avalancha de excluidos, de víctimas de esta atroz y cruel sistema que el ser humano ha creado, que unos pocos han convertido en la fórmula mágica para multiplicar sus cuentas bancarias en los paraísos fiscales, mientras, millones de seres caen cada día muertos, víctimas de la nueva forma de hacer guerra, de los nuevos métodos de mantener el holocausto vivo, de seguir engrasando la maquinaria, de seguir alimentando las cámaras de gas, para seguir exterminando, porque al fin y al cabo, esos cerdos que todo lo controlan, saben, que cada vida humana cotiza en bolsa y por desgracia para las víctimas, cotizan al alza.




** “Democraticismo”: palabra que he creado para definir lo que para mí es lo que hace Estados Unidos con el discurso de democratizar, de llevar la democracia a los países en los que no la hay, cuando lo que llevan, verdaderamente, es la guerra, el caos, la violencia y la muerte.

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