El político, sus secuaces, acólitos y pagados viven en el mundo onírico de los flases y la sonrisa profidén. Una sonrisa es a la empatía del votante una verdad de imagen o una virtualidad certera. Sonrío y soy agradable aunque mi política sea tan aséptica, inerme y etérea como un traje de faralaes para una romería. La sonrisa empática, profesional, sociológica o hueca –alma de cántaro- de la máscara etrusca, atrae al populacho como si de un casting de aficionados a la música folclórica se tratara. Mira mi blanqueamiento dental, mis labios y pómulos injertados de Botox, mi traje de Vistorio y Luquino, mi corte de Maripaquis, acompañantes profesionales en las fotos de las plazas de abasto, inauguraciones de pavimentados y sacrosantas cofradías de pánfilas comehostias.(...) El politicastro cree con fe ciega, que los votos caen de las nubes otoñales, de las comitivas con lagostinos tigre, de las recepciones oficiales de clubes de viudas heroicas, de las asociaciones de fabricantes de chucherías o del hisopo de los curas castradores de sueños, de la inauguración de esas esculturas que rayan el cielo con pesadillas alcohólicas de monjas borbónicas -otrora putillas del rey- o glorietas o rotondas con monolitos al escarnio del Parque Nacional con gasolina sin plomo, olé y olé y olé. Alimentando la barriga de los obispos, monjitas pellizcadoras y curas con una gula insondable, hermanos mayores, cofrades de la hermandad del inmueble, antiguos especuladores y toda la corte celestial de desempleados del narcoladrillo. Y así llegada la hora de la urna mejor sería irse de barbacoa al campo y dejar la próxima legislatura en barbecho. ¡Viva México!8 may 2010
Votos o Botox
El político, sus secuaces, acólitos y pagados viven en el mundo onírico de los flases y la sonrisa profidén. Una sonrisa es a la empatía del votante una verdad de imagen o una virtualidad certera. Sonrío y soy agradable aunque mi política sea tan aséptica, inerme y etérea como un traje de faralaes para una romería. La sonrisa empática, profesional, sociológica o hueca –alma de cántaro- de la máscara etrusca, atrae al populacho como si de un casting de aficionados a la música folclórica se tratara. Mira mi blanqueamiento dental, mis labios y pómulos injertados de Botox, mi traje de Vistorio y Luquino, mi corte de Maripaquis, acompañantes profesionales en las fotos de las plazas de abasto, inauguraciones de pavimentados y sacrosantas cofradías de pánfilas comehostias.(...) El politicastro cree con fe ciega, que los votos caen de las nubes otoñales, de las comitivas con lagostinos tigre, de las recepciones oficiales de clubes de viudas heroicas, de las asociaciones de fabricantes de chucherías o del hisopo de los curas castradores de sueños, de la inauguración de esas esculturas que rayan el cielo con pesadillas alcohólicas de monjas borbónicas -otrora putillas del rey- o glorietas o rotondas con monolitos al escarnio del Parque Nacional con gasolina sin plomo, olé y olé y olé. Alimentando la barriga de los obispos, monjitas pellizcadoras y curas con una gula insondable, hermanos mayores, cofrades de la hermandad del inmueble, antiguos especuladores y toda la corte celestial de desempleados del narcoladrillo. Y así llegada la hora de la urna mejor sería irse de barbacoa al campo y dejar la próxima legislatura en barbecho. ¡Viva México!
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2 comentarios:
Prolifico en el lenguaje como siempre y mordaz como nunca.
Felicidades?
Retahila compulsiva, como siempre. Tomate una tilita, 'quillo.
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